23. nov., 2017

SANTIAGO EL APOSTOL DE LOS POBRES (2)

Apreciables amigos del CIMES, en este artículo mostramos una forma de medir la pobreza, a través del mecanismo de exclusión en la satisfacción de las necesidades básicas, en un Estado Pobre o de bajos ingresos, o en vías de desarrollo. 

En las “crónicas de Santiago” hermano menor de Jesucristo, resaltan pensamientos sobre las desigualdades sociales que pueden interpretarse en el presente, como restricciones al acceso de la salud, limitaciones en el sistema educativo en la era de la educación virtual y las TICs (Tecnologías de la información y las Telecomunicaciones), la inequidad del acceso del agua potable y saneamiento (acceso al alcantarillado de las aguas negras), o desigualdades en el acceso del pensamiento cristiano en el sistema educativo. 
Estas inequidades reflejan las exclusiones en el acceso de una vida humana digna. Tales pensamientos de Santiago lo reflejan como el apóstol que más se ha identificado con los pobres en su lucha por el logro de mejores niveles de vida.

Resaltan tales escritos que en las comunidades cristianas primitivas existían, a pesar de su ardiente fe en Cristo, desigualdades sociales.
En tales asentamientos cristianos se manifestaban envidias e injusticias entre ricos y pobres. En tales crónicas Santiago resalta la manera en que “los ricos se creían dispensados de hacer obras buenas en favor del sector necesitado de los cristianos e incluso negaban el salario al obrero y esclavizaban al justo”. En este ambiente de inequidad, Santiago “propone dar ánimos a los fieles víctimas de las injusticias sociales y exhortar a ricos y pobres a una vida más conforme con los principios cristianos. Esto le lleva a inculcar a los cristianos debilitados el cumplimiento de las obras de caridad, de las que se consideraban dispensados.” La Iglesia Católica retoma el pensamiento del Apóstol Santiago que proviene de su hermano Jesús, y dichas ideas se convierten en la punta de lanza de la fe cristiana, “Amaras a tu prójimo como a ti mismo y a Dios Padre por sobre todas las cosas”. En las Eucaristías diarias de la Iglesia Católica sobresalen los clamores de ayuda para que no nos olvidemos de los pobres, y que la población cristiana debe de tratar de hacer conciencia y tener misericordia hacia los pobres en riesgo social al borde de la pobreza estructural y de la perdida de los valores morales y cristianos.
Estadísticas optimistas reflejan que alrededor del 40 por ciento de la población hondureña se encuentra en condiciones de extrema pobreza (hondureños que no se alimentan los tres tiempos de comida diarios), esto es, aproximadamente tres millones de hondureños están al borde de la pobreza estructural que genera la ola de violencia que tanto preocupa al Estado de Honduras y a la comunidad internacional.
La delincuencia juvenil en un contexto social se caracteriza por grupos de menores de edad ubicados dentro de niveles de miseria, pobreza extrema, narcotráfico, hacinamiento con educación de baja escolaridad, y a nivel de la familia, la pobreza y hacinamiento se induce a las agresiones sexuales y desintegración familiar que conduce al fenómeno migratorio que tanto preocupa al Presidente de la Nación más poderosa del Planeta. Las crónicas de Santiago Apóstol suenan a diario en los mensajes de los padres de la iglesia, ahí retumban en el eco sobre la importancia de no olvidarnos de los pobres en su lucha de una vida humana mejorada, de la importancia de tratar de suavizar las grandes desigualdades sociales que amenazan la estabilidad del Estado.

Vean los videos   https://www.youtube.com/watch?v=aGv5MQwCWO4

Y    https://www.youtube.com/watch?v=Ahest08yBAw